11 mm Riera Horizontal Pinfire / 11 mm Riera / 12 mm Riera Acorn

Cartucho patentado en España por el catalán Mariano Riera en 1852 y en Francia e Inglaterra en 1853.

Es un cartucho inusual. No tiene vaina y como las Volcanic, pólvora y fulminante estan contenidos en la propia bala. Pero tambien tiene su propia aguja percutora, como las Lefaucheux, aunque esta está en el "culote" y siguiendo el propio eje de la bala. Asi pues, es un cartucho de fuego central aunque interno y de aguja.

HENRI nos ha proporcionado este documento donde se detallan las patentes, el probable proceso de su fabricación y el esquema de la misma.

En el paso 1, se aprecia la bala tal como sale del molde. Segun indica el documento, la forma afilada de la punta no se obtiene por fundición sino cortando la bala en bruto por las líneas B. Un sistema bastante ilógico y caro. La de estas fotos parece obtenida totalmente de fundición.

A continuación se introduce una cápsula metálica sobre la que se deposita el fulminante, la pólvora, la aguja y una segunda cápsula a traves de la cual sale la aguja y que cierra el conjunto(2)

Finalmente, se deposita una gota de barniz sellante en la unión aguja-cápsula, y con una pinza se oprimen los cuatro pétalos que forman la falda de la bala con lo que queda el conjunto cerrado.

Su fabricación podría resultar más económica que las Lefaucheux, y no asoman por los lados del arma las agujas. En cambio, por definición no pueden tener gran cantidad de pólvora, se desperdicia mucho plomo y aunque no necesiten extraerse las vainas usadas, deben retirarse las agujas (y quizas la vaina interna). Tampoco soluciona el peligro de explosión cuando una bala cae al suelo.

CARARM nos remite el siguiente texto e ilustración, extraídos de la revista ARMAS Y MUNICIONES:

Este cartucho conoce dos variantes según engarce bala o contenga perdigones o postas reunidos en una envuelta de papel encolado, para ser utilizado en fusiles, escopetas y pistolas con avance rectilíneo del cañón, realizado por un mando situado en la caña. El desplazamiento del cañón dejaba al descubierto la recámara practicada en el culatin, donde se alojaba el cartucho. Esta recámara era de forma cónica y disponía en su extremo de un taladro que hacía asequible la cápsula fulminante a la acción del martillo percutor del arma.
El cartucho tenia diferentes variantes, los destinados a fusiles de guerra, estaban constituidos por una bala de plomo troncocónica y ahuecada, que se moldeaba formando cuatro triángulos isósceles en su extremo anterior.
Los cartuchos para escopeta de perdigones o postas estaban organizados de igual forma. Una pieza de madera sobre la que se apoyaba la cápsula, constituía la separación de la carga y los proyectiles con una envuelta de tela o papel encolados o cuero.

 
 
Cartucho sin vaina. Totalmente en plomo. A la izquierda asoma la aguja percutora. Se aprecian los pétalos que cierran el cartucho. No hay marcajes. FOTO: HENRI (AP0001)
 
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